miércoles, 10 agosto 2022

Ginés Perales Andújar, fundador de Aguadulce

22 mayo 2019
Aguadulce
Lápida de Ginés Perales Andújar, con el nombre rectificado por error en la inscripción

En la parte más antigua del cementerio de Aguadulce se puede visitar la primera lápida de 1893

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Si fuese una pregunta de Trivial muy pocos se llevarían el queso de Historia. De los miles de habitantes que tiene Aguadulce, se podrían contar con los dedos de la mano las personas que saben el nombre de su fundador. El Ayuntamiento, que puso una plaza a su nombre, ha quitado la placa y cualquier referencia a este hecho en la web oficial.

El municipio de Aguadulce no nació como un proyecto de colonización. Fue un asentamiento espontáneo de un hombre y su familia. Una historia poco conocida por sus habitantes y olvidada por el Ayuntamiento de Roquetas de Mar, de la que nada cuenta, ni siquiera una mención en la web oficial del municipio en el apartado Historia, o en algún texto oficial.

Ginés Perales Andújar es el fundador de Aguadulce. Así lo indican su lápida y los documentos archivados en el Registro Civil de Enix, municipio que conservó la documentación intacta durante la Guerra Civil española.

Partida de defunción de Ginés Perales Andújar, enterrado en el cementerio de Aguadulce el 24 de junio de 1893

Aguadulce ha pertenecido a Enix hasta 1927, año en el que pasó a formar parte de Roquetas de Mar a cambio de unos débitos.

Primer asentamiento
Pero la historia de este asentamiento comenzó casi cien años antes en un punto en el que se cruzaban dos caminos de tierra, uno que llegaba por el oeste y el otro que bajaba de la montaña, a ocho kilómetros de Almería en dirección Poniente. Todo lo demás era campo.

Ginés Perales Andújar decidió instalar su casa, formar una familia y montar una venta para dar posada, alimento y descanso a viajeros y caballerías que llegaban a la capital desde Málaga o Enix. En ese punto nació Aguadulce, se calcula que entre los años 1840 a 1850.

Poco a poco, en torno a la posada, se fueron construyendo viviendas a lo largo de ambos caminos y posteriormente una pequeña capilla, con lo que fue conformándose un asentamiento estable.

Ginés Perales tuvo once hijos y falleció a los 62 años de edad, en 1893. Fue el primer morador del cementerio de Aguadulce. Su lápida, escrita con errores, aún se puede visitar en el primer módulo del camposanto municipal.

Los viejos del lugar cuentan que su viuda vendió la venta por un puñado de reales.

Delete municipal
Lo curioso de esta historia es que, por alguna razón, a pesar de haber obtenido, en un momento dado, el reconocimiento oficial por parte del Ayuntamiento de Roquetas de Mar, que dio su nombre a una plaza, finalmente volvió a perder el de Ginés Perales Andújar de la plaza para tomar el de Hermanos Martín Escudero, que son los propietarios de los terrenos en donde la constructora Osuna desarrolló la calle que sube a Aguadulce Norte.

 

Para conocer los motivos no tenemos que irnos muy lejos de esa plaza. En el número 7, vive Ginés Rueda Perales, tataranieto del fundador de Aguadulce. Conoció la historia de su antepasado a través de sus tíos y de viejos del pueblo que todavía aseguran que cada vez que entran al cementerio, tienen el chascarrillo de mirar a la lápida del fundador y decirle: “Ay Ginés si vieras cómo ha cambiado todo”.

“Cuando me contaron la historia de mi tatarabuelo lo primero que hice fue solicitar al Ayuntamiento que designara el nombre de una calle al fundador de Aguadulce y lo concedieron”, relata Ginés, que guarda todos los documentos, escritos y recortes de prensa en varios libros perfectamente sumariados, ordenados y estructurados por temas, fechas…

Gines Rueda Perales es funcionario del Cuerpo Nacional de Policía. Ha estado destinado en Barcelona y actualmente reside en Aguadulce. No le tiemblan la voz ni las manos a la hora de solicitar a quien haga falta lo que cree que es justo. De ahí su militancia activa en el sindicato de Policía UFP, Unión Federal de Policía, desde su fundación. Un activismo le ha costado algún expediente y muchos quebraderos de cabeza.

Tras su jubilación, además de dedicarse a recuperar la memoria de su tatarabuelo, también ha peleado por una comisaría de policía en Aguadulce, entre otras cruzadas perdidas.

“Un día llegaron y cambiaron las placas de la plaza y quitaron la de mi tatarabuelo. Me acusaron de haber falsificado la lápida. Buscaron por todo el cementerio a alguien con una fecha de fallecimiento anterior, pero, como es lógico, no vieron nada”.

El error tipográfico de la lápida fue la excusa esgrimida por el representante político, entonces el concejal delegado de Aguadulce, Manuel Flores, para acusar de manipulación a Ginés y retirar la concesión del nombre de la plaza.

Ginés Rueda recopiló documentos en Enix sobre la defunción y sepultura de su pariente y, a la vez, sobre la no existencia en ningún documento ni constancia, de la del supuesto Ginés Peláez Andújar, nombre que fue rectificado con un cincel.

Renacimiento
A día de hoy no hay duda de que el fundador de Aguadulce es Ginés Perales Andújar, y solo falta que el Ayuntamiento decida señalar la calle, plaza o rincón que llevará su nombre en una placa. Aunque no hay mucha voluntad política de que eso suceda a tenor de cómo cuida la historia del municipio su Ayuntamiento.

La noticia ya fue publicada en diarios de la época como La Crónica de Almería, pero el tiempo, la no digitalización de aquel rotativo y la nula voluntad de que se conozca, han hecho que la devore el olvido.

Hoy, a través de este reportaje, vuelve a salir a la luz gracias al empeño del candidato por Aguadulce En Marcha, Javier García, por conocer la historia de su pueblo, de ahondar en las raíces y en la forma de ser y vivir de los primeros pobladores.

Javier y Ginés se han conocido por casualidad, gracias a la campaña electoral y han coincidido en la necesidad de que esta historia llegue a nuestros lectores.

Ambos coinciden en que Aguadulce se merece más y que nadie puede borrar la historia de un pueblo.

Aguadulce que es una ciudad dormitorio para muchos y un cruce de caminos para otros, no deja de ser el hogar de miles de personas que tienen todo el derecho a conocer su historia y elegir su destino.
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