lunes, 26 septiembre 2022

Laura y Bart (estatuas humanas): «Nos gustaría actuar en la calle toda la vida»

9 noviembre 2021
Almería
bart y Laura

Laura y Bart, estatuas vivientes y nómadas

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Laura y Bart dan vida a una pareja de estatuas vivientes. Ella, nacida en Barcelona; él en Polonia. Los dos, a día de hoy, nómadas. Una de sus últimas actuaciones, el primer reto competitivo que han llevado a cabo en toda su carrera profesional, trajo a la pareja hasta El Ejido, en donde además él consiguió el primer premio.

A lo largo de esta entrevista Laura y Bart nos descubren su día a día, sus orígenes dentro y fuera del universo del mimo corporal dramático, y nos hablan de sus proyectos.

Laura y Bart 2

-Contadnos algo de vosotros
Laura: Yo nací ahí, en Barcelona, donde desde niña hice teatro de texto con la compañía La Jarra Azúl. Más tarde estudié arte dramático en la Escuela de Nancy Tuñón, y finalmente me decanté por explorar el movimiento en la Escuela Internacional de Teatro Físico y Mimo Corporal Dramatico, Moveo. Ahí es donde conocí a Bart.
Bart: Yo nací en Polonia. A los 16, las circustancias me obligaron a empezar una nueva vida en Barcelona. Siempre andaba con inquietudes, que si música, que si narrativas, blogs… Hasta que en 2012 conocí a Pawel Osmanovic, excelente artista callejero, profesor de danza y mi primer maestro. Unos años despues acabé cursando en Moveo. Donde conocí a Laura (ríen).

-Cuándo y cómo decidís dedicaros a un oficio como el de estatua viviente
B: Pues justamente después de conocer a Pawel. Por aquel entonces él llevaba como 13 años ejerciendo de estatua humana. Y un día, uno de sus amigos me prestó su disfraz para que probara. Y ahí fue cuando supe que era lo que quería hacer el resto de mi vida. Le pedí a Pawel que me introdujera, que me ayudara a preparar el disfraz y así empezó todo; aunque me costó la vida convencerle. Los secretos del oficio no te los regalan porque sí.

L: A mí siempre me han llamado la atención cuando las veía en las Ramblas, pero nunca pensé que me dedicaría a ello. A Bart ya lo había visto trabajar, antes de conocerlo. Me gustó. Le conocí en la escuela, sin saber que él era la estatua que me había atraído. Tras medio año de amistad, nos hicimos pareja. Y ahí fue cuando me di cuenta de que era él. Solo había actuado en escenarios y sentía una enorme curiosidad por actuar en la calle; sentir la cercanía del público, ¿sabes? Así que me puse pesada con que me hiciese un disfraz, hasta que lo convencí.

-Un oficio con mucho pasado, pero qué hay del futuro
L: ¡Buf!, cualquier trabajo tiene un futuro incierto hoy en día…

B: Yo creo que cualquier forma de arte te mueve algo y que cada profesión tiene sus mejores y peores épocas. En este caso, no es diferente. Mientras el público lo siga disfrutando, ahí estaremos.

Bart estatua humana
Bart, estatua humana

-¿Os consideráis artistas callejeros?
Bart: Durante muchos años huía del término artista, no sé muy bien porqué. Pero bueno, al final la gente te llama así. Ellos sabrán (ríe).

-Maquillaje, vestuario, efectos especiales… Vuestro trabajo requiere de mucha preproducción
L: Sí, es todo un ritual. Entre hora y hora y media de preparación. Y luego cuando la gente nos pregunta «¿cómo os quitáis todo eso?», les digo que con paciencia y una buena ducha.
B: La estatuaria humana es un oficio que reúne en sí misma muchos campos diferentes. Habilidades plásticas, costura, juego actoral, caracterización, capacidades físicas; requiere de fuerza, autocontrol, paciencia y sobre todo de creatividad. Te convierte en un artista multidisciplinar. Y sí, todo esto supone mucho trabajo. Después, el mantenimiento, las reparaciones y, por supuesto, unos buenos estiramientos. Tantas horas de tensión muscular no son ninguna broma. Pero bueno, con el tiempo te acabas acostumbrando.

Laura estatua humana
Laura, estatua humana

-¿Dónde os sentís más cómodos? en una ciudad, en un pueblo, en el circo, en el teatro…
L: Aire libre, por supuesto. Ciudad, calle peatonal, ancha y concurrida. No me encierres, por favor.

B: Que haya vidilla. Que puedas romper tímidamente esta rutina urbana, ser una sorpresa. Es verdad que, personalmente, prefiero ciudades más pequeñas, son más acogedoras. El trato es más personal y se genera un vínculo con la gente. Sabes, un día cualquiera vas a trabajar, aplastado por el peso de tu existencia y ¡bum!, una estatua humana. ¿Esto es nuevo? Algo ha cambiado (ríe).

-La calle es ruido, tráfico, luces, gente, dramas… ¿dónde pone la mirada una estatua viviente para no inmutarse, no mover una pestaña, ante lo que está pasando delante de ella?
L: Buena pregunta. Yo trabajo con los ojos abiertos, pero la mirada queda perdida en el infinito hasta que interactúa con alguien. Entras en un estado en el que te sientes inmutable, difícil de definir. Aún así, estoy atenta a todo lo que ocurre alrededor. Y claro, según lo que ocurra, actúas en consecuencia. Es como un estado de alerta pasiva. Concentración y paciencia son necesarias, sin duda.

-Lo mejor y lo peor de vuestro día a día
B: Lo mejor, alegrarle el dia a otra persona, aunque sea por un instante. Si no fuese por estos momentos mágicos con el público, cambiaria de oficio. Y lo peor… No se. Cuando hace mal tiempo, no conoces el lugar y no encuentras alojamiento, la cosa no pinta muy bien y parece que se acaba el mundo. Pero, por suerte, se pasa y acaba saliendo el sol.

L: Pues no sé. Lo mejor, quizás, el despertar en un camping, estar mucho tiempo al aire libre. El descubrir lugares distintos y personas. ¿Lo peor? El aire, el frío y la lluvia. También el no poder decir «esta tarde meriendo con mi familia en casa de mi abuela».

-Una estatua viviente, ¿vive de su trabajo?
B: Creo, que podemos decir que nosotros tenemos esta suerte. Cada vez se vuelve mas dificil vivir de actuar en la calle. Por otro lado tambien hay estatuas humanas que se dedican exclusivamente a eventos y festivales, como un extra. En nuestro caso siempre ha sido calle, pura y dura. Perseguir los sueños cuesta trabajo y sacrificio, pero te satisface.

-Cómo elegís a los personajes en los que os metéis
B: Yo no he elegido a mi personaje, fue él quién me eligió a mí. Llevo 9 años con él y no hago ningún otro. Es mi alter ego, tiene su vida propia, evoluciona a lo largo de los años, mucha gente ya lo reconoce y claro… El bigote que llevo, es suyo. En cierto modo me ha invadido.

L: No tengo más que este personaje. Bart crea y hace los disfraces. Para el mío, él me propuso su idea; entre los dos encontramos las prendas y él le dio la magia. Luego le di su propia personalidad. Y lo bautizó un niño en la calle; dio vueltas alrededor mío en patinete llamándome abuela Pili varias veces. Así se quedó.

-Cómo se sobrevive a una pandemia estando en vuestro pellejo
B: En confinamiento, encerrados, como la gran mayoría. A nosotros nos pilló en Logroño. Obviamente no pudimos actuar, así que, gracias al apoyo familiar y a los amigos, pudimos aguantar la mala racha. En cuanto dieron luz verde, ahí estuvimos, esta vez con mascarillas.

L:¡Qué mal! No sabía si mi estilo de vida iba a poder seguir siendo posible… Ahora ya sé que sí.

-Habéis pasado por el Festival de Teatro de El Ejido, ¿cómo ha sido la experiencia?
B: ¡Fenomenal! Fue nuestro primer concurso. Reunirse con tantos artistas de diferentes países en el mismo lugar, conocernos y compartir han sido la mejor parte de todo el concurso, sin duda.

L: ¡Todo un descubrimiento! Nunca nos habíamos presentado a ningún concurso ni nada de eso. Y la verdad es que me despertó el gusanillo a ir a más. Lo mejor, conocer a gente que se dedica a lo mismo. Y claro, que mi pareja se llevase el primer premio ya fue la bomba.

Estatuas humanas en El EJido
Premiados en el concurso de estatuas vivientes en El Ejido

-¿Habláis de planes?
B: Siempre intentamos perfeccionar lo que hacemos, todo es un proceso. A mí me gustaría actuar en la calle toda mi vida, aunque simultaneamente estoy realizando otros proyectos. Es lo bueno de este oficio, te da algo de tiempo libre. Sigo estudiando, aprendiendo, juntando piezas y espero que nuestros personajes siguan descubriendo nuevos lugares.

L: Siempre me ha costado mucho contestar a planes de futuro… Pero bueno, a voz de pronto, nada de hijos, gracias (ríe).

-¿Cómo os gustaría que os viera la gente?
L: Hombre, puestos a pedir, pues que me vieran con alegría, curiosidad y entusiasmo. Pero claro, para gustos, colores. Mientras haya respeto…

B: Nos veran como nos vean, me parece perfecto. Puede ser que algún día nos encontremos en la calle y nos miremos a los ojos por un instante. Lo interpretaras a tu manera, pero te aseguro que no quedarás indiferente.