lunes, 6 febrero 2023

El castillo de Vélez Blanco, la historia de un maltrato en 360º

25 septiembre 2017
Vélez Blanco
El patio del castillo de Vélez Blanco

Fragmento del trabajo en 360º

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El castillo de Vélez Blanco ha sido maltratado, expoliado, abandonado a lo largo de la historia. A pesar de ello, sigue siendo un monumento único que despierta el interés de visitantes, historiadores y administraciones que quieren su restauración. La empresa Cubique Creative ha realizado El Patio del Castillo de Vélez Blanco, un proyecto en 360 grados que recupera el estado original del patio renacentista, hoy en Metropolitan Museum de Nueva York.

El Patio del Castillo de Vélez Blanco, es una producción audiovisual con el patrocinio de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales y Cajamar que pretende mostrar al espectador la hipotética restauración que se ha de acometer en los próximos años. En ella ha colaborado el historiador José Domingo Lentisco Puche que es el autor del relato histórico que reproducimos:

El patio, el alma de este sugestivo alcázar-palacio levantado por don Pedro Fajardo Chacón entre 1506 y 1515. Columnas, arcos, relieves, balaustrada, cornisa, ventanas, brocal del pozo y hasta una colgadura y un personaje que nos indica la proporción humana con la arquitectónica. La decoración con motivos renacentistas y, posiblemente, trazada por artistas lombardos, se concentra muy especialmente en torno a las seis ventanas que completaban uno de los paños del patio.

La sugestión del oro y la desidia venció a la fuerza de la sangre y el orgullo del linaje. Tras décadas de abandono, ruina y maltrato, los propietarios lo venden en dos tandas: en 1903, los frisos; en 1904, los relieves del patio y escalera. Desmontado pieza a pieza y trasladado a París por el anticuario francés Goldberg, en 1913, el rico, refinado y culto matrimonio formado por Georges y Florence Blumenthal las adquiere para su mansión en la calle 70 esquina con Avenue Park de N. York. A la muerte de su propietario (1941), la casa es derribada y todas las preciosidades artísticas donadas al Metropolitan Museum de la ciudad, quien, en 1964, gracias a los estudios y desvelos de Olga Raggio, logra reinstalarlo en una de su salas principales.

Tras el desconsiderado desmontaje, nos quedamos con una sólida estructura de altos y recios muros que alojaban en su interior los despojos de su expolio. Tapiales descarnados, forjados y escaleras inexistentes, fragmentos de mármoles y azulejos, maderos podridos y escombros, sin escuchar más que lamentaciones baldías y plañideras compasiones. Milagrosamente, algunas piezas se salvaron del naufragio: la casi totalidad de la cornisa, el brocal del pozo y alguno fragmentos de gárgolas y balaustres que habían sido extraídos del interior y alojados en la iglesia del pueblo y viviendas particulares.

A partir de los años 60 comienzan las tareas de desescombro y limpieza, en la década de los 70 interviene el Ministerio de Cultura bajo la dirección de los Prieto Moreno (padre e hijo), pero será en los 80 y 90 cuando la Junta de Andalucía apruebe las mayores inversiones y autorice los proyectos de Juan Antonio Molina Serrano, arquitecto murciano que levantó las estructuras fundamentales y organizó la distribución del maltratado castillo de Vélez Blanco.

La poderosa atracción de su esbelta figura exterior contrasta con la desnudez y desamparo de su despojado interior. La demanda ciudadana, el interés de los visitantes y la gestión de las Administraciones convertirá la frialdad en calor, devolviendo la vida y el esplendor perdido. Un monumento único en dos continentes, un enriquecimiento del patrimonio, una nueva oportunidad de felicidad pública, bienestar humano y desarrollo socioeconómico.

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