jueves, 9 febrero 2023

El alcalde de Alboloduy dimitirá tras diez años «recordando a mi amigo Moisés Ruiz»

12 noviembre 2012
Alboloduy
El antiguo alcalde de Alboloduy dejó una profunda huella en el actual, que dimite de su cargo

Tiempos de lucha con Moisés Ruiz en vida y en Alboloduy

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Antonio Matarín anuncia, justo en el décimo aniversario de la muerte de Moi, que en junio dirá adiós

El primer edil del pequeño municipio de la Alpujarra almeriense dirá adiós justo a los diez años de su llegada al sillón de alcaldía, por su convicción personal de «la importancia de la limitación de tiempo para ocupar un cargo público». Antonio Salvador Matarín Guil se considera primero ciudadano de su pueblo, y después concejal y alcalde, y parte de esa manera de ver la política dice haberla heredado de Moisés Ruiz. Es por ello que hoy, décimo aniversario del fallecimiento de alguien por otro lado inmortal, haya hecho público su homenaje a un amigo a través de un artículo que a continuación se reproduce íntegro, y a través de un gesto que define lo que reclama la sociedad actual: no a la profesión de político, sí a los ciudadanos que hacen política.

En estos momentos tan difíciles para toda la sociedad, donde la figura del político se encuentra muy mal vista, percibido incluso como uno de los principales problemas de la sociedad española, es cuando yo quiero reivindicar la figura de Moises Ruíz Tocón, quien fuera por nueve meses alcalde del municipio de Alboloduy, y reconocido personaje de la política y el deporte almeriense; y quiero reivindicarla en su faceta menos reconocida, tal vez, por esa percepción negativa que tenemos de la política.

El 12 de noviembre del 2002 viví uno de los momentos más tristes de mi vida cuando Moisés nos dejó. Fue una persona con la que apenas compartí unos pocos años, pero que sin lugar a dudas, me dejó marcado. El camino de nuestras vidas nos llevó a encontrarnos como miembros de la corporación del Ayuntamiento de Alboloduy tras las elecciones municipales del año 1999. El primer año de legislatura, él como miembro del equipo de gobierno, y yo como portavoz de la oposición, nos llevó a tener algunos desencuentros; desencuentros políticos por entender de forma distinta aspectos de la gestión municipal, pero que no pasaban de eso. Fue el concejal más activo de aquél equipo de gobierno en la organización de eventos y defendía a su gente como si se tratara de una cuestión personal.

Defendía a sus compañeros siempre que se respetara la ley, lo cual no ocurrió, y los manejos irregulares e ilegales de algunos compañeros suyos en aquel equipo de gobierno hizo que se revolviese en el mismo momento en que tuvo conocimiento de los mismos. Como persona leal a su partido, lo primero que hizo fue ponerlo en conocimiento de la dirección provincial, y aquí comenzó su vía crucis personal. Este hecho, sin embargo, a mí me marcaría para siempre. Moisés antepuso los intereses de su pueblo a los de su propio partido. Así, Moisés rechazó y repudió las prácticas corruptas, no dándoles cobijo, y exigiendo la expulsión de los corruptos de las filas de su partido, el cual haría lo contrario. ¡Cuánto cambiaría la imagen de la política si todos los políticos y los partidos hicieran lo mismo que hizo Moisés!.

En aquel estado, Moi se dirigió al resto de concejales que estábamos en la oposición para tomar medidas y reconducir la situación del Ayuntamiento. Desde el primer momento le dimos todo nuestro apoyo porque creíamos de justicia lo que estaba haciendo. Llegamos incluso a negociar con su partido a nivel provincial para que apartaran a los concejales corruptos y evitar tener que llevar a cabo una moción de censura que, aunque legítima, siempre presenta connotaciones negativas donde se produce. Tras las largas de su partido y las situaciones desagradables que se vivían en el municipio forzadas por un equipo de gobierno acorralado, el 2 de febrero de 2002 tuvo lugar la moción de censura que lo llevaría a la alcaldía.

Si ya entonces me había dado una lección al interponer los intereses locales a los partidistas, lo que vino después fue toda una lección de buena gestión pública. Llegamos a un Ayuntamiento en una delicadísima situación económica y con multitud de asuntos graves que resolver. Por ello comprendo y me solidarizo por la situación que hoy día pasan muchos ayuntamientos que, al igual que el nuestro en aquél tiempo, ni siquiera se pueden afrontar los pagos de las nóminas de sus trabajadores. En aquel estado, y durante los siguientes nueve meses que compartimos en el gobierno de Alboloduy, aprendimos a gestionar los intereses públicos de la localidad, cómo no se puede gastar lo que no se tiene, cómo en muchos casos se tiene que cubrir la falta de recursos con el esfuerzo personal propio, cómo los responsables políticos tenemos que estar para servir a nuestros vecinos y no para servirnos de nuestro cargo.

Recuerdo cómo en cada acto que organizábamos él era el primero que llegaba, pero no para lucirse delante de la gente, sino para preparar el espacio y el evento, y era el último en irse, porque había que recoger. A muchos vecinos les sorprendió ver en aquellas fiestas patronales de 2002 cómo él, el alcalde, y los concejales barríamos la plaza del pueblo. Durante estos años hemos intentado seguir su ejemplo, siendo muchas las horas que después de venir del trabajo he seguido dedicando a mi pueblo. Otra de sus virtudes era el trato a los vecinos, siendo exquisito con todo el mundo, y todos trataba por igual, lo que hasta entonces no era lo habitual en Alboloduy, y que desde Moisés se ha convertido en algo normal.

El 12 de noviembre del 2002, y tras nueve meses de lucha por recuperar el nombre de su pueblo, que tanto había sufrido como consecuencia de los múltiples escándalos que salieron a la luz pública, moría Moisés; y quiso el destino que el mismo día que le despedíamos se hiciera firme la condena judicial por las prácticas corruptas de los anteriores responsables municipales, llenando de razón todo tu esfuerzo.

Es por ello que creo de justicia reconocer los valores humanos, sociales y políticos de Moises Ruíz Tocón, y que este reconocimiento se sume al reconocimiento que todavía se le hace a su persona como gran impulsor del deporte almeriense. Sinceramente creo que el hueco que dejó Moi en nuestra sociedad no lo ha cubierto nadie, porque aparte de su profesionalidad, su esfuerzo, su implicación, su generosidad y su lealtad, eran características que lo hacían único.

Quiero sumar esta carta a los actos de homenaje a su labor deportiva que hemos organizado recientemente, y ¡lo que son las cosas!, Moi me enseñó a moverme por la administración presentándome a muchísimas personas, y aún, tras dejarnos, son muchos más los amigos suyos que he podido conocer y añadir a mi lista de amigos 10 años después.

Cuando Moisés se fue dejó a Adeli viuda con un niño y una niña de corta edad, que, gracias al homenaje que se le ha brindado, han podido ver lo importante que fue su padre, y el cariño que la gente le profesaba. Creo que sólo por esto se justifica el esfuerzo de los actos de reconocimiento y homenaje organizados. Pero hoy soy yo el que tiene mujer y dos hijas pequeñas, y veo cómo van creciendo y cómo mis obligaciones y mi entrega por el ayuntamiento, al igual que le ocurriera a Moi, me limitan la atención que les debo. Es por eso, y por la convicción personal de la importancia de la limitación de tiempo para ocupar un cargo público, lo que me lleva a anunciar que dejaré en breve la alcaldía, una vez alcance los diez años de mandato, tras la estela de mi amigo Moi.

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3 comentarios

  1. Y mi pregunta es: si considera que la limitación de mandato es necesaria en este país, ¿Por qué se presentó como cabeza de lista a las municipales de hace año y medio, teniendo intención de no durar más de 10 años en el cargo?

  2. Estimado amigo:
    Decía mi abuela que es de ser bien nacido el ser agradecido, y evidentemente vd. lo es.
    Su actitud le ennoblece, y máxime en estos tiempos que corren donde ser político está muy mal visto, y no por lo innoble de la profesión, sino por algunos de sus compañeros en otros estamentos a los que les prima la poltrona, el poder y por ende el dinero.
    Está claro que todos los políticos no son malos, pero si preguntamos en la calle la generalización suele ser ésa.
    Muchos de sus colegas deberían tomar nota de que el cargo de político no lo es a perpetuidad, y deberían hacer lo mismo que vd.; acotarse el tiempo de servicio a la sociedad. Y no sólo por su bien, sino incluso por el de sus familias.
    Le deseo lo mejor en su nueva andadura. Sin duda vd. se lo merece, aunque sólo sea por el gesto que le honra.

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