jueves, 29 febrero 2024

La anilla del flamenco

9 octubre 2023
Moisés S. Palmero Aranda. Educador ambiental
Jovenes en Punta Entinas. Moisés Palmero. Septiembre 2023

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Moisés S. Palmero Aranda
Educador ambiental

Hace unos días paseando por Punta Entinas, encontré una anilla metálica. Por tamaño, y la zona donde estaba, intuía que sería de un flamenco, pero no había ningún rastro que lo confirmara. Por esa razón, pensé que llevaría algunos años allí, pero tras informar a la Sociedad Científica Aranzadi de San Sebastián, la referencia de la anilla, me enviaron sus datos para aclarar mis dudas, invitarme a curiosear y conmemorar el Día de las Aves migratorias con su historia.

La ficha confirmaba que era de un flamenco común, de sexo desconocido, anillado en la Laguna de Fuente de Piedra, el 30 de julio de 2022, con un peso de 1800 gr y un tamaño de ala de 299 mm.  420 días después, yo encontré su anilla a 188 km de distancia, sin ninguna pista de la causa de su muerte.

Son fríos datos estadísticos, pero analizados, y de ahí la importancia del anillamiento científico, cuentan varias historias, la individual, la de la población, y la del planeta, que al fin y al cabo, es la nuestra.

Para contar la primera, es necesario ponerle un nombre, y así diferenciarlo de los 230.948 pollos nacidos y los 19.577 anillados, desde 1984, primer anillamiento en esta laguna, hasta 2022. Se llamaba P09407.

Podemos intuir que nuestro joven flamenco solo hizo un único vuelo de gran recorrido. Empiezan a volar tras los primeros 90 días, así que llegaría a Punta Entinas en septiembre del año pasado y lo haría con sus padres, porque son animales muy sociales, que se desarrollan en sus numerosas colonias interaccionando con otros individuos.  

Su color sería blanco y gris, ya que el rosa de sus plumas empieza aparecer al año de vida, gracias a los carotenoides de las microalgas y pequeños crustáceos de los que se alimentan. Una sola pluma, o algún resto de sus huesos, nos podría decir si murió pronto o no, y cuál fue la causa. Quizá fue de forma natural, quizá algún perro asilvestrado, o de algún visitante que no llevaba atada a su mascota. Meras interpretaciones sin rigor científico, pero sí didáctico. De hecho, la anilla, como el anillo de Golum, se ha convertido en un pequeño tesoro para las charlas con escolares.

Gracias a las anillas sabemos que el flamenco común conforma una metapoblación, dividida en diferentes grupos que ocupan la cuenca Mediterránea y África Occidental. Esto lo sabemos porque los flamencos anillados en Málaga se ven habitualmente en la mar Chica al norte de Marruecos, o en las lagunas de Italia o Turquía. Esta circunstancia, y su gran capacidad de vuelo, hace que, ante la sequía de Fuente de Piedra, estén apareciendo nuevas zonas de nidificación en los últimos años en España, como las lagunas de Gallocanta en Aragón, o las salinas de Torrevieja en Alicante, donde era frecuente verlos alimentarse, pero no nidificar.

En Punta Entinas este año lo han intentado, pero las lluvias de finales de mayo, echaron a perder los pocos nidos que hicieron. En 2012, otro año seco, hicieron unos 150 nidos, pero ni un solo huevo pusieron. Por qué no, algún año los veremos nacer aquí. 

No hay que preocuparse por los flamencos. Su población goza de buena salud y no están catalogados en peligro, aunque el cambio climático, al que ya se están adaptando, podría reducir su cantidad. Quizá, si vuelven las esperadas lluvias, lo sucedido en Fuente de Piedra los últimos años quede en una anécdota histórica. Este año no han anidado por la falta de agua. El año pasado, cuando se anilló a nuestro protagonista, solo nacieron 3.700 pollos, muy pocos si los comparamos con casi los 9000 que nacieron en 2020. Pero si algo nos debe dar que pensar, fue lo ocurrido en 2021, cuando anidaron, pero terminaron abandonando casi 3000 huevos ante la certeza de que sus pollos no tendrían el alimento suficiente para sobrevivir.

Por los que hay que preocuparse es por nosotros que seguimos perpetuando los mismos errores. Y adaptarse al Cambio Climático, no significa anunciar, para acallar a los científicos, que gastarás un millón de euros en las Albuferas de Adra (como se hizo hace 4 años, o el año pasado en las Salinas de Cabo de Gata, ¿será el mismo cheque?), o publicar que ampliarás Doñana, mientras amenazas con aprobar la Ley de regadíos en un mes si el Gobierno no soluciona el problema. Ni tampoco, a pesar de que es un proyecto espectacular, enseñarle a los ibis eremitas nuevas rutas migratorias siguiendo un avión ultraligero. 

La solución radica en ir al origen del problema, gestionar bien el agua y cambiar los modelos económicos y agrícolas. Lo demás son parches, tan eficaces como sacar a los santos o bailar alrededor de una hoguera la danza de lluvia.

Moisés S. Palmero Aranda. Educador ambiental

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