jueves, 26 mayo 2022

Jóvenes precarios

12 enero 2014
Héctor Jerez

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No sé si la ciencia nos deparará en un futuro vivir eternamente jóvenes, pero sí parece que el sistema socioeconómico prepara un porvenir para nuestros chavales de eterna precariedad…

No sé si la ciencia nos deparará en un futuro vivir eternamente jóvenes, pero sí parece que el sistema socioeconómico prepara un porvenir para nuestros chavales de eterna precariedad.

Un estudio elaborado por el Centro Reina Sofía de Adolescencia y Juventud bajo el título Crisis y contrato social, basado en una encuesta realizada a unos 1000 jóvenes, arroja conclusiones como ésta: “casi el 20% de los jóvenes entre 18 y 24 años trabaja o ha desempeñado su último empleo sin contrato, mientras que casi el 44% lo ha hecho con un contrato temporal, lo que no es más que una constatación de otro dato: el 48,6% de estos jóvenes aceptaría cualquier trabajo y en cualquier lugar, aunque tuviera un sueldo bajo”.

Hay que añadir que en España tenemos más de un 50% de paro juvenil; o más de un 60%, si hablamos de la comunidad autónoma andaluza. Estas cifras echan por tierra una conclusión muy recurrente por parte de los poderes económicos y muchos ciudadanos de a pie: que los jóvenes no quieren trabajar y que son todos unos señoritos.

Los datos revelan una desesperación creciente entre los jóvenes. Si partimos del hecho de que en el tramo de edad de entre 18 y 24 años muchos se encuentran estudiando, la conclusión es bestial: la gran mayoría de los jóvenes trabajadores están en desempleo o están precarios. Por un lado, tenemos al joven que deja los estudios, que trabaja en lo que puede, que encadena un contrato con otro y que no ve futuro. Por otro lado, su camino se cruza con el del estudiante, el que se forma incansablemente, pero cuya preparación no le asegura un puesto de trabajo. Qué frustrante para todos. Y lo peor es que llevamos bastantes años así, porque la precariedad se va alargando y ya no solo es cosa de menores de 25 años, sino que se posterga, como la figura del eterno becario, hasta pasados los 30.

Sin esperanza no hay energía para cambiar las cosas; si no crees que vas a mejorar, poco puedes transformar. Otro dato: “el 37,4% de los jóvenes creía muy o bastante probable perder el empleo en el horizonte de un año y, entre los que no contaban con un empleo en esos momentos, el porcentaje de los que veían entre nada y poco probable encontrar uno alcanzaba el 71%”.

Sin padres y/o abuelos, un porcentaje enorme de jóvenes, más de los que ya puede haber, serían pobres. Con estudios o sin estudios, pero en una situación de necesidad. La emigración como solución nos deja cada vez más sin un capital humano muy importante; perdemos los mejores talentos tan necesarios para la recuperación económica. La red familiar mantiene un panorama que no sé muy bien cuánto puede durar.

Tradicionalmente, donde no llega el estado del bienestar, o llega la familia o llega la Religión. En ausencia de las anteriores, o compitiendo contra ellas, tendríamos a las mafias y las pandillas violentas, que también ejercen de núcleo de ayuda mutua para jóvenes que no disponen de ninguna red de apoyo, arrojados a su propia suerte. ¿Podemos esperar que la gente sin futuro ni dinero para vivir se quede tranquilamente viendo cómo viven los demás?
Siguiendo con el estudio, la mayoría de los jóvenes encuestados consideran, en primer lugar, que la culpa de su situación es de los políticos y, en segundo lugar, de los agentes económicos. ¿Cómo podemos pedirle a un joven que se comprometa en política si está viendo todos los días en la televisión una cantidad de mezquindad insoportable por parte de nuestros partidos? Pero, claro, precisamente por eso, porque la culpa es de los políticos, ¿no debería la juventud de comprometerse, rebelarse, movilizarse ante este panorama? No obstante, cuando uno está angustiado con la vida que tiene lo que menos necesita es a un “concienciado” que le caliente la cabeza y le sermonee. Nos encontramos ante la pescadilla que se muerde la cola.

La situación es compleja, ya que el mantra repetitivo de que debes formarte, trabajar gratis, saber idiomas, etc., ha calado tan hondo que, aunque estemos trabajando todos en restaurantes de comida rápida con cuatro carreras o directamente en el paro, siempre nos dirán que es culpa nuestra. Mi opinión particular es que se ha estafado a una generación entera de jóvenes y que, si seguimos así, seguirá perviviendo esta gran mentira: si te esfuerzas, conseguirás lo que buscas. ¿Y si no sirve el esfuerzo?

@Hecjer