jueves, 26 mayo 2022

El panorama laboral de Europa: el reto del envejecimiento

9 marzo 2014
Héctor Jerez

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Hace unas semanas leí en la prensa una noticia que me dejó reflexionando un par de días. El titular rezaba así: “La proporción de empleados mayores de 60 crecerá en 2020, según el 70% de los directivos”. Un estudio realizado por The Economist Intelligence Unit y Towers Watson, que constaba de un sondeo realizado a unos 480 directivos empresariales de toda Europa, arrojaba este panorama…

Hace unas semanas leí en la prensa una noticia que me dejó reflexionando un par de días. El titular rezaba así: “La proporción de empleados mayores de 60 crecerá en 2020, según el 70% de los directivos”. Un estudio realizado por The Economist Intelligence Unit y Towers Watson, que constaba de un sondeo realizado a unos 480 directivos empresariales de toda Europa, arrojaba este panorama: un progresivo envejecimiento de la población ocupada. Lo curioso es que el estudio tenía por título “¿Son los 75 los nuevos 65? Hacer frente al reto del envejecimiento de los trabajadores”. ¿Iremos a una sociedad de trabajadores muy envejecidos combinada con altas cifras de paro?

Las distintas reformas en las pensiones, así como el retraso de la edad de jubilación, son iniciativas que, inexorablemente, conllevarán un aumento de la población ocupada mayor de 60 años. Lo que ocurre es que no tenemos en cuenta algo también importante, por lo menos en España: las cifras de paro juvenil son escandalosas.

No tiene explicación que un país fuerce a un trabajador a seguir en activo con 70 años -no todos son profesores eméritos que pueden estar tan ricamente a los 80 años dando clases-, mientras que superamos el 50% de paro juvenil. Aunque el envejecimiento de la población sumado a la caída del número de nacimientos es la excusa para que trabajemos hasta que no podamos más, el incremento constante de la productividad, gracias, sobre todo, a la innovación tecnológica, plantea que cada vez haga falta menos gente para crear una unidad de PIB. Si esto último es cierto y yo soy capaz de producir más que mi abuelo hace 50 años, no entiendo el apocalipsis lanzado en torno a las pensiones y a la jubilación. Bueno, sí lo entiendo, es una manera de meterle otro bocado al sistema público, goloso negocio para la banca.

La última medida del gobierno para fomentar la contratación indefinida a través de una tarifa plana en la Seguridad Social para la empresa, también ha hecho poner el grito en el cielo a muchos. La medida supone menos ingresos en la Seguridad Social, ergo peligran las pensiones. Pero ya hay muchos economistas que llevan tiempo diciendo que las pensiones necesitan alternativas de ingresos, o sea, no depender sólo de las cotizaciones, incrementando su fondo a través de lo que se recauda con otros impuestos. Mantener el sistema público de pensiones tan sólo a base de lo que cotizamos puede ser peligroso, puesto que por muy productivos que seamos, la reducción de salarios en España y las políticas de austeridad plantean una recaudación mínima. Ah, y con el desempleo estructural que tenemos, no estamos para tirar cohetes.

El estudio que citaba al inicio de este artículo también plantea una serie de temores o, más bien, inquietudes sobre cuáles serán los retos que supone una plantilla más envejecida. Mayoritariamente, los encuestados han contestado que seguramente se demandarán más beneficios sociales y una mayor conciliación entre la vida laboral y familiar. Esto no me suena muy bien, porque si la tendencia es a creer que el trabajador de más edad será una persona más cara y que exige más, en vez de considerarlo un activo fundamental dentro del capital humano de la empresa, podemos vernos en la coyuntura que estamos viviendo actualmente con la crisis: una excesiva rotación de plantilla, un incremento constante de la temporalidad en la contratación, la priorización de un trabajador joven precario con menor coste ( véase un becario) y un largo etcétera.

Cuando todos creíamos que la tecnología reduciría las horas de trabajo, muchos consideramos que no es así. Incluso hay estudios que afirman que Internet ha incrementado las horas laborales al pulverizar la línea que separaba la vida laboral de la personal gracias, por ejemplo, a que con un smartphone podemos llevar la oficina a cuestas. ¿Es culpa de la tecnología? No, es culpa de la organización del trabajo y la cultura de “echar horas”.

Como observamos, no sólo es cuestión de innovación, sino de políticas públicas encaminadas a repartir el empleo y asegurar una jubilación digna a nuestros mayores. Como siempre digo, el debate sigue abierto.

@Hecjer