miércoles, 8 febrero 2023

El mundo no ha acabado, pero va de camino y la Navidad lo confirma con su parte de atrás

24 diciembre 2012
Almería
La pobreza ataca a cada vez mayor número de personas en España, también en Navidad

Un nuevo indigente en su banco tras el mercado navideño

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El muy significativo aumento de buenos propósitos no logra tapar las tremendas desigualdades sociales

Al final, y entre la mofa generalizada y globalmente planteada en las redes sociales, no han caído las bóvedas celestes, el mar no ha cubierto la Tierra y no se han juntado el cielo y el infierno ante la llegada del juicio final. Y los mayas no han tenido la culpa, ya que toda la humanidad lo tenía aclarado a través de otro de sus calendarios del que se tiene noticia desde el mes de mayo. Se trata de un nuevo descubrimiento de un valor extraordinario, datado en el siglo IX y pintado en las paredes de un habitáculo encontrado en la ciudad de Xultún (Guatemala). Mucho antes de que estos originarios moradores de América Central supieran de Jesucristo su sabiduría sobre lo que es el hombre en la Tierra y ésta en el Universo es, cuando menos, admirable.

Ese nuevo calendario documenta ciclos lunares y seguramente planetarios, según un artículo publicado en la revista Science, y desmonta la teoría del fin del mundo en 2012 basándose en los 13 ciclos del calendario maya, conocidos como baktun, ya que tiene 17 y no 13, que son los que acaban de cumplirse. Los jeroglíficos pintados en lo que podría ser un templo son varios siglos más antiguos que los Códices Mayas escritos en libros de papel de corteza de árbol del periodo Postclásico tardío. Es evidente que el concepto del mensaje puede ser muy distinto al que se ha interpretado masivamente, y que algunos autores han creído que lo predicho por los mayas quiere decir que «a partir de esa fecha los habitantes de la Tierra experimentarían una transformación física o espiritual positiva que marcaría el comienzo de una nueva era».

Lo que parece claro en este país es que vivimos en un tiempo verdaderamente apocalíptico, con cada vez mayores desigualdades entre las personas y sin rumbo hacia una salida digna de una sociedad moderna y desarrollada. Quizá de eso último ha tenido poco, porque se está desintegrando a un ritmo vertiginoso destapando carencias posiblemente ocultas a conciencia por quienes se han aprovechado para su propio beneficio. Es razonable pensar, o por lo menos debe ser respetado, que la democracia española ha sido irreal en gran medida, y que los privilegios jamás han dejado de existir. No han desaparecido ni han cambiado de manos, sino que se han generado otros nuevos, y tanto los antiguos y como los modernos sólo pueden tener su razón de ser en que hay ciudadanos se segunda y más atrás todavía, y que estos son la inmensísima mayoría.

Cada vez más ciudadanos duermen en la calle y acuden a comedores sociales, también en Navidad
Una manta de la Cruz Roja quita parte del frío a un indigente en una calle de Almería

Esta Navidad que cierra 2012 y que da entrada a 2013 es seguramente la más complicada de las últimas décadas, y más que nada por las famosas sensaciones. Ese término tan usado últimamente en el deporte también es aplicable a lo demás, y la gente no las tiene buenas. El pesimismo ha cundido como la pólvora de las antiguas guerras y no se confía en el mañana. Se nos avisa además de que el año venidero será terrible y no supondrá la recuperación económica, pero quizá esto sea una buena noticia. Lo será en la medida en que se tome conciencia de que podría no ser un sistema válido, de que habría que reinventarse, de que se tendría que aprovechar la ocasión para construir un nuevo modo de relación entre las personas, no más solidario e igualitario sino directamente solidario e igualitario sin grados. Nos merecemos todo y no una parte, y todos juntos, sin ambiciones desmedidas, tendríamos que ser capaces de lograrlo.

Ya no es que se establezcan unas gigantescas diferencias en las mesas de Nochebuena respecto a las viandas que en ellas se depositan, sino que directamente hay miles de familias que han perdido hasta el sitio en el que sentarse a cenar. Los comedores sociales no dan abasto y parece afectar lo justo, sin que nos detengamos a pensar que se pasa hambre en nuestro país. Los bancos y recovecos de calles y plazas ya escasean para pasar las noches al raso, y cada vez hay más personas solas. La desprotección cunde a sus anchas y se crece ante las adversidades que padecen los ciudadanos. Se olvida que atenta a la dignidad de la gente el carecer de un trabajo, así como el no poder encontrarlo. Pero es Navidad, y los buenos propósitos dan un respiro insuficiente mientras que en la parte de atrás de las casetas del bullicioso mercado navideño haya un nuevo indigente dormido en un banco y con todas sus pocas posesiones a sus pies.

Y sí. El mundo debe acabar tal y como lo conocemos para que comience una nueva era en la que no se vuelvan a cometer los mismos errores y que sea de todos de verdad, en la que unos pocos no hagan creer a unos muchos que hay igualdad de oportunidades y que no existen favorecidos y desfavorecidos por razones de cuna, sexo, raza o religión. El deseo para 2013 es que un virus de cultura cívica y demócrata ataque a los que no han sabido jamás que es eso, tanto por acción como por reacción, y que se sumen una vez infectados a los que sí han venido demostrando que la tienen y que la intentan poner en práctica. El huevo o la gallina, el paro o la crisis, una causa o una consecuencia. Ese es un buen punto de partida: no asumir y sí discutir, cambiar el punto de vista, ponerse en frente o ver desde fuera. Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo, sin fotos como ésta, portada de almeria360.com un día cualquiera de 2012.

La pobreza aumenta con la crisis
Avenida de Federico García Lorca de Almería en su parte más noble