jueves, 26 mayo 2022

Clases sociales y educación

15 diciembre 2013
Héctor Jerez

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Mientras se habla de seguridad ciudadana, la independencia de Cataluña o los sentimientos patrióticos de cada cual, estas semanas anteriores se han publicado varias informaciones de corte socioeconómica que debemos analizar en profundidad….

Mientras se habla de seguridad ciudadana, la independencia de Cataluña o los sentimientos patrióticos de cada cual, estas semanas anteriores se han publicado varias informaciones de corte socioeconómica que debemos analizar en profundidad.

Al ya conocido problema del paro, estratificado por los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas como el gran problema en España, hemos de añadir, derivado no solamente de la situación económica, que en España tenemos un grave problema de movilidad social. La mitad de los hijos de familias sin cualificación -según datos publicados por el diario El País- repiten los escasos estudios de sus padres, suponiendo además una enorme limitación para acceder a puestos de trabajo que exigen más cualificación. Eso podría hacer pensar que la clase social es hereditaria, algo que se supone que la democracia y la meritocracia habían eliminado al ser recuerdos de viejos sistemas estamentales aristocráticos.

Mientras hablamos de naciones y estados y patrias, sólo un 25% de los hijos de familias de clase humilde, baja, obrera o como quieran definirla, llegará a tener estudios superiores y elevar sus posibilidades vitales. Además, otro dato importante es que la formación que adquieran quizás no les sirva para encontrar empleo en España y tengan que emigrar. España no sólo es un país en que la escasa movilidad social es crónica, sino que además nos encontramos con una fuga de cerebros y una pérdida de capital humano lamentable.

Las razones de todo esto pueden ser varias, pero siempre se comenta el hecho de que las familias humildes no pueden afrontar gastos extra derivados de los estudios y los hijos se ven obligados a trabajar y abandonar estos. Cuando se habla de esfuerzo en ese sentido no se sabe bien qué se dice. Un chaval que tenga beca para ir a la universidad -escasa si se tiene que desplazar, por ejemplo, de un pueblo a la capital de provincia-, seguramente tendrá que trabajar para completar los ingresos. Compatibilizar trabajo y estudios no permite precisamente disponer de tiempo para estudiar e ir a clase, por lo que nos encontramos ante la pescadilla que se muerde la cola.

Además, si el chaval está en el colegio y tiene dificultades con alguna asignatura, existe una alta probabilidad de que no tenga la gran suerte de tener padres con estudios que le echen una mano o que le paguen clases particulares. Su esfuerzo se duplica o se triplica y esto es una realidad que se empeñan en no ver muchos, culpando a las familias de gastarse el dinero de la becas en motos o coches, cuando precisamente mucha gente ha tenido que dejar de estudiar por no poder afrontar el gasto. Cuando hablo de gasto no sólo hablo de matrículas, libros, etc., sino además del gasto que supone no ingresar un salario al no incorporarse al mercado laboral.

Con una tasa de paro juvenil por encima del 50%, la proporción de jóvenes que ni estudian ni trabajan es muy alta, y así no vamos a ningún sitio. No eximo de responsabilidad a aquellos jóvenes que no quieren hacer nada y vivir a la bartola, pero me parece más un estereotipo explotado por programas televisivos protagonizados por adolescentes problemáticos que tiran muebles de casa a sus padres que la realidad social que tenemos día a día. La igualdad de oportunidades es una quimera que crece con la crisis y cuando esos jóvenes vayan cumpliendo años se darán cuenta realmente de la situación en la que están.

Como consecuencia de todo este contexto social, España pierde renta económica con respecto a Europa. Euroestat, la agencia dedicada a los estudios estadísticos europeos, establece que la renta en España ha retrocedido en los últimos años. En 2012, nuestra renta per cápita era del 97% de la media de la UE, ahora es del 96%. La productividad no está ligada a cobrar menos o no cobrar por trabajar, sino a la formación y a la innovación, a la generación de valor añadido y a la creatividad en los campos más dinámicos, como puede ser el tecnológico.

Si abandonamos el campo económico, un Estado que no facilita educación y formación a los ciudadanos es un Estado que amplía su poder constantemente, allanando el camino para cualquier personaje político que se precie en hacer lo que le venga en gana. Una masa acrítica no protesta ante los excesos del poder.
@Hecjer