jueves, 6 octubre 2022

Carta a mi Cristóbal (de su padre)

24 noviembre 2013
Cristóbal García

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Hijo mío, que tristeza más grande, que amargura nos has dejado con tu inesperada partida a todos: a Natalia y Diana, tus hijas; a Isa y Stella; a tus hermanos Ana y Fran; a Mario, Gema, tus tíos y primos y todos los que te querían; a mi y a la mamá que la dejo para la última porque sus lágrimas empapan mucho.

Hijo mío, que tristeza más grande, que amargura nos has dejado con tu inesperada partida a todos: a Natalia y Diana, tus hijas; a Isa y Stella; a tus hermanos Ana y Fran; a Mario, Gema, tus tíos y primos y todos los que te querían; a mi y a la mamá que la dejo para la última porque sus lágrimas empapan mucho. Tanto te conocía que, cuando tu tío Antonio nos fué a dar tan triste noticia, antes de saber nada, le salió un grito de madre: ¡Mi Cristóbal, mi Cristóbal!

Hijo, sospechábamos que te quería mucha gente, pero nuestros cálculos han sido sobrepasados: compañeros del colegio, del instituto, de la universidad, de la mili, de Telefónica, políticos de todos los signos, de todos los sectores del mundo de la cultura de Almería; tus amigos de toda la vida; todos los medios de comunicación lócal– que han ensalzado tu persona y tu obra- ; tu gente del cine y del teatro, esos que en la última etapa de tu vida, junto a Isabel Mondejar, tu esposa querida, te han hecho tan feliz… ¿sabes que Alba estuvo en tu despedida?

Las lágrimas derramadas por todos -no las de tu familia, que esas no cuentan- tú, Cristóbal, que siempre has sido agradecido y generoso, no te olvides de recompensarlas desde esa nueva dimensión en la que ahora te encuentras.

Te digo que, a pesar de que la vida para mamá y para mí se ha convertido en un bono basura, reaccionaremos aunque solo sea por los más débiles y tu familia será una piña. Pídele a Dios que nos ilumine.

En estos casos, que difícil se hace la vida para el que cree, porque tu sabes, hijo, que no somos familia de beatos, pero si de creyentes a nuestra manera. Tu hija Diana, cuando íbamos a tu entierro, me decía: mi padre, siempre que veníamos a El Pilar, rezaba. Allí, hijo mío, descansará tu cuerpo junto a nosotros cuando seamos llamados. Huelga decirte que hubiese preferido mil veces hacer ese viaje por ti. No tiene mérito alguno ¿qué padre no está dispuesto a hacerlo?

En estos momentos no hay nada que nos reconforte, el único consuelo es que nos has dejado dos maravillosas nietas; el haber visto a Isa y Stella fundidas en un abrazo -eso dice mucho de ti y de ellas- pensar que, aunque breve, tu vida ha sido intensa, fecunda, libre como el viento y creo, sin temor a equivocarme, bastante feliz. Desde pequeño has alcanzado casi todo lo que te has propuesto, salvo dinero que, por otra parte, te importaba un comino. También consuela saber que disfrutas de la luz del Todopoderoso porque, si acaso hiciste alguna cosilla que no le gustase, fijo que te la ha perdonado.

Cristóbal García

Ah, ahora que lo pienso…¿para qué te cuento todo ésto que tu ya sabes, alumbrado por esa luz que llega aquí pero que aún somos incapaces de ver? Estoy seguro que me responderás:
-Ramón- como tú siempre me llamabas- sigues siendo un ingenuo.
-Claro, hijo mío…pero orgulloso de ti.

Carta a Cristóbal García de su padre, Ramón García. La carta de despedida más importante

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