domingo, 14 agosto 2022

Camino a los mares del Sur: ‘Qué bello es vivir’

24 diciembre 2013
Mastache

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Para qué voy a mentir. Estas Navidades no me gustan un pimiento; y creo que no soy la única. No se oyen villancicos por las calles, la gente arrastra los pies tirando de los carritos de la compra, mientras miran y remiran los productos y los precios…

Para qué voy a mentir. Estas Navidades no me gustan un pimiento; y creo que no soy la única. No se oyen villancicos por las calles, la gente arrastra los pies tirando de los carritos de la compra, mientras miran y remiran los productos y los precios. El gordo vestido de rojo, ese que por narices se nos impone como parte de la cultura del consumismo, le va ganando terreno a los Reyes Magos, que no tardando, acabarán a la cola del paro también en pocos años más. Los anuncios de televisión sobre perfumes caros, me parecen más caros que nunca; y desde luego, el resto de anuncios con gente tan alegre y feliz por ser Navidad, me repatea.

No. No es amargura.

Es que no se me van de la cabeza muchas cosas. Miserias a borbotones semi ocultas por la vergüenza a reconocerlo. Familias enteras al borde de la más absoluta pobreza. Niños pasando hambre en este nuestro país. Y el panorama político pinta color negro profundo.

Cada uno se refugiará en su casa. En su entorno; y solo unos pocos pensarán en los que menos tienen. ¿Para qué amargarse unas noches especiales? Fuera problemas ajenos!.

Por supuesto, hay derecho a disfrutar de lo que cada uno tiene! Faltaría más!; pero me inunda la sensación de que este año, más que nunca, son Navidades tristes. Ni las calles están alegres!. Este año, no hay espíritu Navideño. Está medio muerto. Ni el calvo de la Lotería Nacional ha querido aparecer.

Imagino, que si algo subsiste de lo que debería ser una Navidad verdadera, será en las iglesias, y los esfuerzos que harán padres y madres, para que sus hijos no noten nada que no sea lo que supone estas fiestas para ellos.

No me apetece felicitar las fiestas. Me gustaría irme a algún islote perdido y deshabitado en los mares del Sur (en los auténticos), y dejar que corran quince días para no tener que ver tanta tristeza, tantas conversaciones sobre necesidades, tanta soledad en algunas personas, tanta careta, tantas felicitaciones cínicas, tantas películas en TV sobre los milagros en Navidad (que no sea “Qué bello es vivir”), a cargo del señor de rojo Oh Oh Ohhh!!!. Cada vez que veo uno colgando de algún balcón, me dan ganas de tirar de él y mandarlo de vuelta a su casa por la vía rápida.

Pienso cenar en pijama. No dejarme llevar por querer meter en el cuerpo comida de más. Me daré un capricho de postre y punto!. Buscaré el canal donde pongan la peli que nombré más arriba para hartarme de llorar, como todos los años, a pesar de saber cómo acaba. No veré el discurso del Rey, y si lo hago, será para verlo como si de una comedia se tratara. No contestaré a los teléfonos, ni mandaré guassapes. Y sí!!!. Seré féliz!, porque mañana que es Nochebuena, y quiero que lo sea de verdad; y la única manera de que lo sea, es siendo coherente y consecuente con lo que pienso. Estoy enfadada con esta sociedad. Mucho.

Mañana tendré mi islote. Si alguien quiere venirse, se aceptan invitados, pero con derecho de admisión y advierto, que es muy muy exclusivo, a pesar de no costar un euro.

M. Mastache 

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