miércoles, 28 septiembre 2022

Afrontar los miedos 

1 septiembre 2022
Juan Antonio Moya Sánchez. Sacerdote y psicólogo 
Juan Antonio Moya

Juan Antonio Moya Sánchez. Sacerdote y psicólogo 

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Actualmente la situación de incertidumbre que se vive en la sociedad y los problemas por los que  atraviesa la misma Iglesia, ha hecho que muchos cristianos estén atemorizados ante el incipiente…

Cuando siendo adolescente me debatía con Dios, intentando rechazar la vocación sacerdotal,  recuerdo que me veía a mí mismo incapaz de asumir algunas tareas propias del ministerio. ¿Cómo  iba a poder visitar a los enfermos, yo, que temía contagiarme incluso de las enfermedades  consideradas no transmisibles? ¿Cómo iba a celebrar funerales, si ni siquiera soportaba la imagen  de un ataúd?.  

Las palabras de Jeremías resonaban una y otra vez en mi mente: «irás adonde yo te envíe. No les  tengas miedo» (Jr 1, 7b. 8a). Pero los temores no desaparecían.  

Viviendo como seminarista menor, al enterarme de que había fallecido una religiosa de los  Ancianos desamparados, que todavía tenían su casa al lado del Seminario, decidí afrontar la  situación y acudí al velatorio para estar cerca de la difunta y mirarla a la cara. Era como plantarme  frente a la muerte y decirle: “no me asustas”.  

Resultó muy efectivo. Al poco de ser ordenado sacerdote me llamaron para administrar la Unción a  un enfermo que estaba agonizando. Me acerqué, le cogí de la mano, le llamé por su nombre y quise  dirigirle unas palabras de esperanza, cuando, en ese momento, empezó a toser salpicando pequeñas  gotitas de sangre. Entendí que no era el momento de soltarle la mano, sino de apresurar la  finalización del rito. Falleció nada más concluir. Me sorprendió a mi mismo la calma y serenidad  que mantuve para dar consuelo después a los familiares y acompañarles en la despedida. 

Posteriormente, los estudios de psicología me han enseñado que el miedo es un mecanismo básico e  incluso necesario para la supervivencia. Que es normal y hasta bueno sentir miedo, porque nos  ayuda a protegernos y ser cautos ante potenciales peligros o amenazas. Aunque es cierto que el  riesgo, en ocasiones, puede ser más imaginario que real y llegar a desencadenar reacciones  desproporcionadas, que no se corresponden con el peligro real, creando así estados de angustia y  ansiedad claramente patológicos.  

Actualmente la situación de incertidumbre que se vive en la sociedad y los problemas por los que  atraviesa la misma Iglesia, ha hecho que muchos cristianos estén atemorizados ante el incipiente  regreso de espectros y fantasmas de un pasado que causó no poca desolación y quebranto en  nuestros mayores. La vuelta a procedimientos y actuaciones que fracasaron en etapas anteriores y  mostraron sobradamente su poder destructivo, tanto en lo político como en lo religioso, genera en la  gente muy poca confianza y bastante desconcierto. El ataque directo a las instituciones, y la  aniquilación psicológica y moral de las personas que se resisten a colaborar con la descomposición  de nuestra civilización, asusta al más decidido y osado. 

Sin embargo, la ciencia psicológica enseña que los temores solo se logran vencer afrontándolos. La  única solución consiste en encarar el miedo, impidiendo que nos paralice. Esto será más fácil si  conseguimos contextualizarlo adecuadamente, conocer su alcance y aceptar sus consecuencias. De  esta manera sabremos dónde ha de ponerse el foco del verdadero temor, como nos dice el Señor:  «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que  puede llevar a la perdición alma y cuerpo» (Mt 10, 28). 

Juan Antonio Moya Sánchez. Sacerdote y psicólogo 

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