viernes, 24 mayo 2024

La inconsciencia del agua o cómo jugar con el futuro y perder

21 marzo 2023
Grupo Ecologista Mediterráneo
AGUA

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Este miércoles 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, coincidiendo con la Conferencia de Naciones Unidas sobre los recursos hídricos en el mundo. Un día que llega en medio de una crisis hídrica sin precedentes y cargado de informes de diferentes organismos nacionales e internacionales sobre la emergencia que se avecina si no somos capaces de avanzar hacia una gestión mucho más rigurosa de este recurso, imprescindible para la vida.

El mundo, Europa, España, Andalucía y Almería, como no podía ser menos, se mueven en este tema con un nivel de inconsciencia que no se puede calificar de otra forma que suicida. Y la mejor prueba es que la Conferencia de Naciones Unidas que se celebra entre el 22 y el 24 de este mes lo hace 46 años después de la última, casi medio siglo en el que todo ha cambiado y en el que hemos pasada a consumir mucha más agua de la disponible.

Europa, España o Andalucía andan por el mismo camino, con las palabras cargadas de mensajes sobre la necesaria sostenibilidad o la huella hídrica, pero desarrollando políticas muy alejadas de ese postureo mediático. Las peticiones de nuevos trasvases, la autorización de nuevas superficies de regadíos, el visto bueno a nuevos campos de golf en zonas de escasa disponibilidad o la legalización suicida de decenas de miles de pozos ilegales en espacios especialmente sensibles como el Parque Nacional de Doñana (que promueve el Gobierno andaluz de Juanma Moreno) o el área del sureste español, con Murcia y Almería a la cabeza, son algunas de esas acciones que se contradicen con las declaraciones de intenciones y que nos alejan más y más del objetivo, que sería controlar la demanda hasta ajustarla a la disponibilidad real de recursos hídricos.

La propia Mesa del Agua de Almería ha reconocido que Almería presenta un déficit hídrico anual que se sitúa ya por encima de los 300 hectómetros cúbicos de agua y, sin embargo, las demandas no paran de crecer desde sectores de gran consumo como la agricultura o el turismo. Ante esa realidad, las administraciones se empeñan en buscar nuevos recursos, aumentar el aporte de un agua que en la cruda realidad no existe y cuyas existencias siguen a la baja a consecuencia de un cambio climático ya patente y reconocido a nivel internacional por la comunidad científica y por las grandes instituciones.

La famosa crisis del agua, de la que se habla de forma recurrente desde hace muchos años, es una batalla que no se libra de un día para otro, sino que se basa en escaramuzas casi diarias en las que los más fuertes, en términos de empresa, de inversión o de poder político, se hacen con unos recursos que para otros muchos simplemente es su forma de supervivencia.

Así ha ocurrido con zonas como la del Río Aguas y sus cuencas hidrográficas, donde unos pocos grupos decidieron extraer, sin control aparente, unos recursos subterráneos que han dejado sin agua a los agricultores o a cauces naturales como el propio Río Aguas, considerado como el acuífero más sobreexplotado de Europa.

O con la zona del Parque Natural de Sierra de María-Los Vélez, donde se han instalado varias empresas productoras de hortalizas de hoja (lechugas en especial), dañando las masas de agua subterráneas y secando fuentes y manantiales utilizados por los habitantes de la comarca a lo largo de su historia.

Son solo algunos ejemplos de esa inconsciencia que en este Día Mundial queremos denunciar, poner sobre la mesa para tratar de tener explicaciones por parte de quienes tienen en su mano llevar a cabo políticas que no se basen en cubrir cualquier demanda, por descabellada que sea, sino saber hasta dónde es posible llegar en los consumos sin comprometer el futuro del agua, que es al fin y al cabo el futuro de los almerienses y, más allá de la provincia, de los ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo.

Las estadísticas oficiales son lo suficientemente explicativas como para hacer reflexionar a todas las instancias, instituciones y ciudadanía en general sobre lo que está por venir si el objetivo es disponer de un planeta en el que simplemente sea posible vivir. Datos que hablan de que dos mil millones de personas carecen de un acceso seguro al agua potable, de que la mitad de las aguas residuales no se tratan de forma segura ni adecuada (muchas de ellas ni se tratan), o la previsión de que la demanda de agua aumentará un 55 por ciento en el año 2050 con respecto a la actual. Y todo ello en un mundo en el que la disponibilidad de agua para el consumo o el regadío se está reduciendo año tras año a causa del cambio climático.

Hay más datos, incluso más dramáticos porque hablan de millones de muertes por enfermedades y carencias relacionadas con el agua, y más de 75 millones que ven acortadas sus vidas por esas mismas casas. En cualquier caso desde el Grupo Ecologista Mediterráneo reclamamos cordura y seriedad en la planificación de los usos del agua, en el control de la demanda, en el desarrollo de políticas alejadas del despilfarro, en la persecución de los pozos ilegales o el abuso en la utilización de las aguas, superficiales y subterráneas.

La huella hídrica se empieza a abrir paso como uno de esos instrumentos con los que las sociedades tratan de poner orden en el desorden que se deriva de la utilización de las aguas en la actividad humana. Los almerienses hemos de avanzar hacia un modelo de gobernanza que nos permita seguir teniendo peso específico en los mercados. De no lograr hacerlo, serán esos mercados los que nos aparten del camino, y creemos que a no tardar mucho.