martes, 16 agosto 2022

«Nuestra idea es que la planta de reciclaje empiece a funcionar en marzo de 2013»

13 noviembre 2012
El Ejido
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Juan Bartolomé Escobar, socio y portavoz de Servicios Ambientales Las Chozas

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El socio y portavoz de Servicios Ambientales Las Chozas, Juan Bartolomé Escobar, asegura que “a día de hoy, el compostaje no es real, tiene muy mala fama, pero porque no es compost”

Juan Bartolomé Escobar es uno de los socios y el portavoz de la empresa Servicios Ambientales Las Chozas, que, después de mucho trabajo, ha decidido poner en marcha una planta de residuos agrícolas. Desde este colectivo confían en el compost como mejor medio para el tratamiento de los restos vegetales, pero apuestan por hacerlo con “seriedad y rigor” y ofrecer al agricultor “un producto de calidad”.

-En primer lugar, ¿quiénes son Servicios Ambientales Las Chozas?

-La empresa Servicios Ambientales Las Chozas surge a raíz de la asociación de recogedores de residuos y como consecuencia de los problemas que tenían con las  plantas que funcionaban en la comarca, así como también de la necesidad de la instalación de más plantas, puesto que se veían afectados y no tenían el servicio que necesitaban. También los incendios y todos los problemas que se generaban a ellos, como transportistas, les afectaban. Empezaron a moverse dentro de los asociados e intentaron formar una sociedad en la que participaran el mayor número de transportistas para ver qué solución se podía dar a los residuos y de ahí surgió el servicio ambiental Las Chozas. En principio, estuvieron asociados a otra gente externa, de fuera de Almería, para el tema técnico, pero, al final, se dieron cuenta de que con esa gente el proyecto no era viable porque no conocían cómo funciona aquí la agricultura.

-¿Cuántas personas forman los Servicios Ambientales Las Chozas?

-Nuestra empresa consta, a día de hoy, de 8 socios; siete son transportistas con amplia experiencia en el tema de los residuos, y yo, que soy técnico de Medio Ambiente. También trabaja con nosotros, de forma externa, un abogado que es experto en Derecho Ambiental.

-¿Cuáles fueron sus primeros pasos?

-Nos pusimos a trabajar en la solución y, después de analizar todas las posibilidades, algo que hicimos durante el verano del año pasado, hicimos incluso pruebas en una parcela para ver qué solución era la más adecuada, decidimos apostar por el compostaje. Un compostaje real, con un proceso controlado como se debe de hacer y con la innovación de dos hitos fundamentales, como son el triturado, que en aquel entonces no estaba clara su utilidad y las plantas que lo empezaban a poner en marcha lo hacían sólo para reducir el volumen, y la inclusión de inóculos. La adición de microorganismos para acelerar el proceso de compostaje y dar mayor calidad al producto final.

-Lo que deciden es poner en marcha una planta de compostaje…

-Sí, una planta de compostaje en la que habrá una pequeña parte destinada al triaje, a la separación de lo que son los contenedores de basura inorgánica procedentes de invernaderos y de comercializadoras. Simplemente, se hará un triaje, una separación, y después un envío a un gestor autorizado. Tiene esas dos líneas. Por un lado, la parte orgánica y, por otro lado, la parte inorgánica.

-¿Cuándo será una realidad esta planta?

-Nuestra idea, a día de hoy, es que empiece a funcionar en marzo del 2013, es decir, el próximo marzo. La planta irá ubicada en el Paraje de Las Chozas porque es un centro a nivel de infraestructuras urbanas muy bueno desde el punto de vista de las comunicaciones dentro del municipio de El Ejido. Además, el volumen de trabajo estimado es para dar servicio a unas 2.000 hectáreas de invernadero y, sobre todo, haciendo hincapié en que va a tener una entrada limitada, puesto que meter más material del que se puede tratar supondría no completar el proceso. Lo que sí tenemos claro desde el principio es que se puede tratar la cantidad que se puede tratar y todo lo que sea pasarse de eso es generar problemas que, a la larga, no van a ser beneficiosos.

-¿Han finalizado todo el trámite administrativo?

-Todo el trámite administrativo, con respecto a las autorizaciones, está ya finalizado: Autorización Ambiental Unificada y también la aprobación del proyecto de actuación, es decir,  del suelo destinado a este uso por parte del Ayuntamiento. Ahora, lo único que nos falta es ejecutar la obra y empezar a operar.

-¿Por qué esta solución cuando otras plantas de compostaje han demostrado no ser rentables ni ser la mejor opción?

-Como le dije, lo primero que hicimos fue estudiar las distintas posibilidades. Se estudió  la posibilidad de hacer una valorización energética, pero en este tipo de residuos es una tecnología que no está bien desarrollada y no es muy conocida. Los gastos de inversión, además, eran muchísimo mayores, el riesgo era mucho mayor y, encima, dependía en gran medida de la prima que el Estado daba a la biomasa, algo que a día de hoy ha desaparecido. La verdad es que la valorización energética, por el desconocimiento, no la vemos como una solución viable. Otra de las soluciones que se abordaron en el COMITRA fue la alimentación animal. La alimentación animal con el fruto sí que se puede hacer, pero tampoco es una cosa que esté, a día de hoy, demasiado desarrollada y seguiríamos teniendo el mismo problema principal, que es el de las matas, el cómo tratarlas. Por último, al eliminar estas dos posibilidades, la que estudiamos fue el compostaje.

-¿Les parece que el compostaje es, por lo tanto, la mejor solución?

-Sí. A día de hoy, el compostaje no es real, tiene muy mala fama, pero porque no es compost. Lo que se comercializa es materia orgánica única y exclusivamente. Se echa toda la culpa, muchas veces, a los gestores de las plantas, independientemente de que ellos apuesten más por un producto de calidad o menos. La cantidad que les entra es muy grande para las instalaciones que tienen y no hay otro tipo de instalaciones. Aunque ellos quisieran hacer un proceso en condiciones, no lo pueden hacer. Nosotros partimos de un fundamento básico, de que nuestro producto final es de calidad, con lo cual tenemos la capacidad que tenemos y vamos a trabajar con ese volumen de entrada. Si, a partir de ahí, controlamos las variables que hay que controlar para el proceso de compostaje e introducimos los microorganismos que hemos dicho, la inoculación, conseguimos un producto de alta calidad real. Por eso, aunque la base de funcionamiento es la misma que las plantas que funcionan ahora, lo que es el planteamiento de trabajo  es justo el contrario, lo antagónico. Primero, hay un diseño previo al tratamiento y, segundo, nos vamos a centrar más en la gestión de obtener un producto de calidad final más que en coger el dinero al inicio. De esa forma, también el agricultor podrá estar seguro de que se va a dar un tratamiento real a su residuo y no se va  a quemar ni se va a especular con él.

-¿Tienen ustedes ya pensadas las tarifas que les van a cobrar a los  agricultores?

-La planta está organiza por distintos socios y, en principio, está abierta a todo el mundo, a todos los agricultores. Es cierto que vamos a limitar la entrada para poder dar servicio a esas 2.000 hectáreas, que supondrán alrededor de 47.000 toneladas de residuo vegetal al año, pero, simplemente, porque sabemos que tenemos un máximo. A partir de ahí, ojalá que lleguemos. Sería entonces cuando tendríamos que limitar la entrada en ciertos periodos del año y ya veríamos cómo realizarlo, pero, en principio, está abierto a que todo el mundo nos pueda llevar el residuo. En cuanto al tema económico, nuestra idea y lo que estamos barajando es en torno a una reducción del 10 por ciento con respecto a las tarifas que hay en la actualidad. Creemos que a ese precio podemos operar. A día de hoy, el composta, con la mala fama que tiene en la zona, no tiene valor. Si nosotros conseguimos darle un valor añadido al producto final, podríamos abaratar los costes del proceso, pero a día de hoy no podemos. Que en un futuro conseguimos introducir ese producto y darle el valor que tiene en realidad, pues podremos abaratar los costes de tratamiento, pero, a día de hoy, tenemos que contar con eso.

-¿Entienden que la suya puede ser una alternativa a las otras dos plantas?

-Nosotros, realmente, no pensamos en las demás plantas. Está claro que lo primero que haces cuando empiezas cualquier tipo de actividad es ver la competencia que tienes. A día de hoy en el tema de los residuos, hay residuos para estas dos plantas, para nosotros y para cinco más. El problema real no es la competencia, sino operar de forma adecuada y respetar todas las normas desde el punto de vista medioambiental. No es sólo por el hecho de la motivación, sino por convicción,  por el hecho de que  se respeten todo tipo de normas. Es importante llevar el control de la planta y un control de olores, además de todo tipo de procesos. Todo esto te lleva a que, a la larga, tengas una rentabilidad mayor, aunque a día de hoy se piensa a corto plazo. El hacer las cosas en condiciones te permite mantener tu actividad durante muchos años, hacerlo de manera adecuada y con una rentabilidad buena. Nosotros hemos apostado por la calidad y por hacer una planta que no sea gigantesca, sino que tenga unas dimensiones relativamente pequeñas, controlable. No por manejar una monstruosidad vamos a tener mejores resultados. Por eso, realmente, las experiencias anteriores no nos valen de mucho, ya que nosotros tenemos una tecnología diferente y un proceso real con un producto final de calidad.

-¿Cuál es el mayor problema, entonces, al que se enfrentan, el mayor temor que tienen?

-El riesgo es la rafia. Lo más difícil de solucionar es la presencia de rafia. Lo bueno que tiene el residuo vegetal procedente de cultivos protegidos es que es muy homogéneo, es mata de distinto origen, de distintos cultivos, pero a fin de cuentas es materia orgánica con rafia. Es cierto que los residuos vegetales de los invernaderos de Almería tienen la presencia de rafia y que esa rafia, sobre todo, a la hora de llevar acabo el triturado, hace muy complejo el proceso. Sin embargo, nosotros llevamos un año estudiando cómo hacer el triturado de forma que no tengamos problemas y de manera que sea viable. Eso es lo que más trabajo nos ha costado. Además, nos ha llevado mucho tiempo estudiar cómo retirarlo. A día de hoy, lo tenemos solucionado, debido, sobre todo, a la experiencia que tienen ellos como agricultores y como transportistas, porque sin eso no podríamos haber buscado alternativas y a priori quizá sea el punto más difícil.  Otro de los aspectos es la salida del compost, que es a lo que tienen mucho miedo las administraciones, pero estamos convencidos de que si un producto es de calidad no vamos a tener problemas. Fundamentalmente porque el compost es más económico que el estiércol, está higienizado y no vamos a tener problemas de  contaminación por salmonela ni por E. coli ni por ningún tipo de bacterias que se produce en la digestión. Además, con el compost se reducen los gastos de transporte, ya que no es lo mismo traerte el estiércol de otra provincia que consumirlo en el mismo sitio donde se produce. Si nosotros logramos introducir este material en el mercado, no tendremos ningún tipo de problema a la hora de comercializarlo.

-¿Con esa rafia ya saben qué hacer?

-Sí, tenemos el proceso de triturado definido y tenemos los dispositivos de triturado que necesitamos y la forma de retirarlo. No es lo mismo cuando tú  diseñas algo sobre el papel, que cuando lo haces con una base de pruebas. Nosotros llevamos un año haciendo pruebas con cinco o seis tipos  de máquinas distintas y lo tenemos completamente definido. Cuando estemos operando habrá otro tipo de consideraciones que entrarán en juego y que no hemos tenido en cuenta, pero lo fundamental, que es el rendimiento que pueden tener los dispositivos, lo conocemos ya y es suficiente para nuestro trabajo.

-¿El destino final del compost cuál será?

-Nuestra idea inicial es comercializarlo a nivel agricultor, teniendo en cuenta que a día de hoy tiene muy mala fama. El campo de Almería tiene cosas buenas y malas, entre las malas está que si algo va mal, rápidamente todo el mundo lo conoce, pero si algo va bien todo el mundo lo pone en marcha. Como sabemos que nuestro producto final va a ser de calidad, pues, simplemente, con empezar a aplicarlo y ver lo resultados que va a obtener, nos va a permitir comercializarlo sin problemas. Si además le sumamos el valor añadido que le podemos dar con la presencia de estos microorganismos que aceleran el proceso, mejoran la calidad y pueden tener efectos de desplazar organismos patógenos en el suelo –esto está demostrado en frutales, pero aún no en cultivos protegidos- demostraremos la bonanza de este producto. Con eso y con análisis adecuados y una certificación, que también tenemos prevista hacerla, de hecho, ya hemos hecho análisis de calidad, no tendremos problemas en comercializarlo. El problema inicial es introducirlo en el mercado. Aquí la agricultura intensiva es tan rápida, que si da buenos resultados, rápidamente se va a consumir. También por razones de coste y de higienización. No van a tener problemas de malas hierbas, de semillas, de patógenos.

-¿Qué inversión tiene la planta?

-Todavía estamos recibiendo ofertas en cuanto a maquinaria y ejecución, pero la inversión ronda el millón de euros.

-El éxito de su proyecto está garantizado, ya que están ustedes asesorados por los mejores, agricultores y transportistas…

-Pues sí.  Ese trabajo de sinergia entre agricultores y transportistas y especialistas de gestión de medio ambiente hace que conozcamos muy bien cuál es la situación. Lo que está claro es que garantizado no hay nada, pero sí que no es lo mismo partir de un nivel de seguridad del 80 por ciento que del 40 por ciento.