miércoles, 1 febrero 2023

“La producción se puede mejorar, pero la comercialización está estancada”

10 marzo 2012
Adra
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José Gerardo Martín Sánchez

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José Gerardo Martín asegura que el problema de precios del campo almeriense pasa por “saber comerciar” y añade que es más necesaria que nunca la unión de todo el sector, desde la producción hasta la comercialización

¿Cómo le ha ido la campaña?

La campaña, como tenía pimientos tempranos, ha sido floja, muy floja; después, cuando los quité, muy bien. Ahora, a ver las sandías cómo van.

Entonces, ha puesto sandía para primavera.
Sí, tengo sandía puesta y melón amarillo en otra nave. Estamos a la espera de ver lo que pasa porque, como a partir de mayo entra Marruecos, pues no sabemos qué va a pasar. Le preguntamos a gente que está por encima de nosotros y ellos tampoco lo saben. Estamos a la espera de ver qué pasa.

Además de pimiento temprano y sandía, tiene otros cultivos, ¿no es así?
Sí, el calabacín está ahora puesto pequeño y antes tuve berenjenas al aire libre.

¿Y qué tal le fue con la berenjena?
En el verano, bien, pero como aquí nadie entiende de precios, ni los comerciales, pues, ya le digo, en el verano sí valió dinero, pero luego, desde octubre, ya no valieron más. Los precios es el principal problema que tenemos con la comercialización. Le preguntas a un comercial y te dice que este año no hay berenjena porque en Holanda se ha acabado o por tal y cual motivo; este año, entonces, tú vas y la berenjena y, en el invierno, está más barata que nunca. Yo nunca he visto una berenjena tan barata en invierno como este año. Los comerciales que hay aquí, ninguno, son comerciales.

Volviendo a la sandía, ¿qué expectativas tiene para esta campaña?
Yo no tengo expectativas. Lo único que hago es trabajar. Lo único que puedo hacer por mi parte es criar las sandías lo mejor que se pueda, pero expectativas no hay, voy completamente a la aventura. Aquí nunca se sabe nada; lo mismo vale diez que no vale nada o las tienes que arrancar por culpa de un virus.

Por cierto, y hablando de plagas, ¿cómo han ido ese ejercicio?
Las plagas están en los últimos años bastante controladas. Desde que empezó la lucha integrada hay menos plagas, aunque es cierto que te puede aparecer una. Algunos se están relajando porque, como no hay, pues te relajas y gastas menos en los productos que hay que echarles. Pero en los últimos tres o cuatro años no están dando tantos problemas como antes.

Al hilo de lo que usted comenta, ¿por dónde pasa la solución para acabar con el problema de los precios?
La solución pasa por saber comerciar. No hay mucha cantidad y hay buena calidad. Ni que decir tiene que puede haber más calidad porque todo se puede superar, pero calidad hay y cantidad tampoco hay tanta, lo que pasa es que lo comercializan otros. Nosotros solamente trabajamos en el invernadero, producimos, pero no comercializamos. Es lo que falta en Almería. Esto ha sido así desde siempre y aquí, además, no hay quien nos una. Por lo que dicen, hay 400 empresas, unas un poco más grandes, otras un poco más pequeñas, pero no hay quien nos una. No sé si es que nosotros somos así aquí o que hay intereses comerciales a los que les interesa que no nos unamos. Luego está la nube de comerciales que tenemos; fíjese, 400 empresas, 400 comerciales.

Lo que está claro es que si el sector en Almería se uniese coparía todos los mercados.
Si el sector estuviera unido y bien organizado, podríamos hacer lo que quisiéramos. Tenemos buen producto, una cuota de mercado muy por encima de los demás… Haríamos lo que quisiéramos y esto tendría un valor mucho más grande del que tiene. El valor añadido que tiene esto se lo quedan por ahí, de hecho, mucho se queda por ahí; tantos por ciento que los dices y parece increíble, diferenciales entre el origen y el destino del 400 o del 500 por cien que son increíbles. Luego dicen que hay que arreglar la finca, que hay que ponerla más moderna y yo me pregunto ¿cómo voy a invertir en un invernadero de 100 millones si esto a mí me da 80? No puedes modernizarlo más porque el producto no da para eso.

Citaba usted el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y Marruecos, pero, sobre él, ¿qué se comenta entre ustedes en las alhóndigas y cooperativas?
Lo que se comenta es que ya hay muchos productos que están casi abandonados aquí, como la judía verde y que cuando empiecen ellos con otros como el calabacín, la sandía o el melón, aquí nos quedamos aparte. Cuando empieza Marruecos, aquí no es rentable y estamos a ver qué pasa. Antes sobrepasaban los cupos y no los respetaban, pues ahora que les han dado carta blanca, imagínese, meterán lo que quieran.

Otro de los problemas que tiene el campo almeriense es que los más jóvenes no quieren seguir con las fincas, ni con las explotaciones familiares.
Claro, porque lo ven así y son conscientes de que es un trabajo muy duro. Aquí a esta hora –son las 5 de la tarde- tendríamos que estar a 50 grados, lo que pasa es que está nublado. Esto es muy duro y aquí la gente no quiere trabajar en el campo. De hecho, cuando la construcción estaba en todo lo suyo, aquí se estaba yendo la gente joven a montones. Lo que pasa es que ahora están volviendo porque no hay dónde meterse y algunos están volviendo, pero vuelven porque no hay otra cosa. Aquí gente de veintitantos para abajo no hay. Hay gente de 35 a 40 y para arriba. No le ven futuro. Es duro y, luego, con estas perspectivas que estamos viendo, no te anima a seguir porque hay una incertidumbre que hace que la gente no vea el campo atractivo.

Sin embargo, hay voces que dicen que el problema no es Marruecos y que lo que tienen que hacer ustedes es producir con más calidad.
Aquí siempre se están pidiendo más cosas y lo único que hace falta es comercializar en condiciones, porque si yo tengo más dinero puedo hacer más cosas: poner invernaderos más modernos y mejorarlos, pero si no da, no da. El problema está aquí en comercializar. La producción se puede mejorar, pero la comercialización está estancada. De hecho, todavía se está vendiendo como se vendía a principios del siglo XX; es más, mi abuela, que se murió hace 20 años, ya conocía las alhóndigas, la venta a la baja, y nosotros seguimos vendiendo así. Luego están las cooperativas, que no sé por qué no terminan de funcionar; creo que hay comerciales muy acomodados, con muy buenos sueldos, que en vez de defendernos a nosotros, parece que defienden a sus clientes. Yo lo veo siempre. Ellos vienen a decirnos qué quieren en Holanda, de hecho, vienen de las cadenas de alimentación de Holanda, Suiza o Alemania para ver qué estás haciendo tú en el invernadero. Los comerciales, en vez de defender tu género, parece que defienden más al que le están vendiendo y, sin embargo, nosotros somos los que les pagamos.

¿Cómo es el día a día de un agricultor?
Trabajando mucho. Aquí, al invernadero, hay que venir muy temprano, sobre todo, cuando hace calor. Hay quien echa el día del tirón, como se suele decir, y hay quien, como yo, lo partimos en dos. Luego ya depende de en qué periodo se encuentre el fruto; no es lo mismo que estés sembrando, recolectando o cortando. Los trabajos cambian dependiendo del periodo en que te pille.

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