sábado, 21 mayo 2022

«Hay gente que grita, yo escribo»

5 marzo 2012
El Ejido
entrevista el fin del proceso

Los 17 autores de la obra posaron tras la presentación

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Cuatro de los autores de ‘El fin del proceso’ cuentan la aventura de escribir un libro

Hacer una entrevista a los autores de una obra colectiva es todo un reto. Si son dos, la cosa se puede solventar preguntando de forma alternativa a uno y a otro. Si es un trío, se les puede invitar a que se entrevisten entre ellos. Pero, y ¿si son 17? El pasado jueves, en los locales del hotel Victoria de El Ejido se presentó El fin del proceso, un libro que recoge 17 relatos de otros tanto autores noveles. No quedó otra que reducir el número de entrevistados y apostar por lo que en la jerga de las redacciones se llama entrevista reportajeada.

Aunque todos los escritores que aparecen en la obra son noveles, la mayoría ya había escrito antes, aunque la mayoría sólo para sí mismos. «Escribí una novela titulada África pero nunca se llegó a publicar, se quedó en el cajón», dice Juan Arias, autor del relato La casa de piedra. Además de escritor, Arias es el responsable de la sección de agricultura de Almeria360. Siempre ha querido escribir pero según una fuente de toda solvencia le costaba arrancar. Esa fuente no es otra que su pareja, Isabel Fernández, también periodista y también autora de uno de los 17 relatos que aparecen en la obra. «Yo nunca había escrito, era mi pareja la que siempre quiso. Es él el que tiene alma de escritor, pero es algo vago. Me apunté yo para tirar de él y al final hemos acabado los dos en el libro», aclara.

También había escrito algo «pero muy poco», Carlos Maleno, comprador en una cooperativa. Autor del relato que abre el libro, El Suicidio de las golondrinas, Maleno explica su necesidad de literatura: «Hay gente que grita, yo escribo. Como un desahogo, una evasión». Sin embargo, asegura que se acercó a los libros, «para entender la vida». A Paco López, comercial en El Corte Inglés, le pasaba como a la mayoría de sus colegas. «Había escrito antes, pero cosas muy íntimas, sin ánimo de que saliera de mi círculo personal», explica el autor de Tiemblen los tiranos.

Los cuatro, como el resto de autores que aparecen en la obra, pasaron antes por un taller de creación literaria de la editorial Lagartos Editores. De hecho, sus relatos son una versión pulida de uno de los ejercicios. Arias prefirió presentar este. «Tenía ganas de escribir un relato ambientado en la dictadura de Pinochet». Es aficionado a la novela histórica, por lo que le fue más fácil decidirse. La elección de Isabel es diferente. Ella optó por publicar su versión del fenómeno inmigratorio en Almería con su relato Seydou. Por su parte, Maleno tenía varias opciones, fue muy prolífico en el taller. «Fue como destapar la caja de Pandora», explica. Mientras, Paco López se fue a la Alemania de 1938 para recrear su historia. «La época de la II Guerra Mundial puede parecer un tema manido pero elegí este porque era el que más me emocionaba cuando lo leía y con el que más identificado me sentía», comenta.

¿Van a seguir escribiendo? Lo difícil en la aventura de la literatura no es escribir un libro, sino escribir el segundo. Mientras Arias confía en que habrá más obras, su compañera dice que estará complicado. Maleno, sin embargo, lo tiene claro. «De hecho sigo escribiendo ahora mismo», dice. Su deseo ahora es sacar una obra en solitario. López mantiene que lo suyo no es una moda temporal. «Escribo para no olvidar, porque lo que escribes permanece», explica.

La entrevista a cuatro debe acabar como empezó, mencionando las cosas que hay que hacer en la vida antes de irse de aquí. A Arias aún le faltan el hijo y el árbol. «El libro es lo único que he hecho antes de morir». Isabel se compromete a plantar el árbol mañana mismo. Sobre el hijo dice que le preguntemos a Rajoy y la economía. Maleno ya tiene dos hijos. «Los árboles me gustan porque son el germen de los libros», añade. Por último, López puede presumir de que lo tiene todo: «Muchos árboles, un niño por el que muero y ahora un libro muy modesto».