Dulce Monteagud

Diario de un superdotado en un colegio de Almería. Capítulo 5

Dulce Montagudo
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8 julio, 2013.

24 de abril de 2013

Hoy ha venido el niño diciendo que no iba a volver al colegio. Mi madre ha estado 12 días ingresada en el hospital y durante estos días el niño ha sufrido el descontrol de horarios y de casas. Unos días en una y otros en otra puede que haya descuidado los estudios. El jueves pasado la operaron de urgencia por la noche y por lo tanto, el niño no fue a clase el viernes porque se acostó muy tarde y pensé que sería mejor que descansara. Pues bien, no tenemos ningún teléfono al que llamar para pedir la tarea y la señorita tampoco le ha encargado a ningún niño que nos la diga.

Ha ido a clase toda la semana y resulta que hoy había una recuperación de una especie de prueba de inglés que hicieron el viernes. Todos lo sabían y mi hijo no. Nadie le ha informado, ningún compañero, ni siquiera la señorita que ha estado con él, lunes y martes. Pues hoy se ha puesto como una fiera, insultando a los niños que no habían aprobado (entre ellos mi hijo porque no la hizo) diciendo que “por culpa de estos gilipollas tenemos que perder la hora de religión”.

También había mandado ejercicios de lengua, y al ir a corregirlos hoy….idem de idem. Insultos, gritos y amenazas de repetir curso. Además a añadido con gestos despectivos “luego vendrá tu madre con la cantinela”.

Que tenga que volver a repetir a mi hijo “aguanta y estudia que sólo te queda 1 mes y medio ahí” es muy triste. Ir a hablar con la profesora es absurdo. Esa mujer no escucha y se inventa lo que haga falta con tal de llevar la razón. La he pillado ya en muchas mentiras.

He estado unos meses sin escribir porque los problemas eran menos habituales, más esporádicos y hemos redirigido el esfuerzo en mejorar las carencias del niño. Pero en una ocasión en que mi madre y yo fuimos al recreo a darle el bocadillo al niño, mi madre le dijo a ella que el niño se aburría en clase; sencillamente, sin nada más…sin ni siquiera sugerir que era por su culpa. Esta señora entró en cólera y empezó a decirle a mi madre cosas sin sentido, como que “mi madre había abandonado a sus hijos y se había ido fuera, cosa que afectó mucho al niño”. Como la conozco, yo calmé la situación, pero estas cosas son demasiado habituales. La señorita tiene atemorizados a los niños, a los que les hace mentir a su antojo con tal de salirse con la suya y llevar la razón frente al director, a un padre o madre o ante quien sea.

Después de aquel vergonzoso episodio y de decirme que no quería ver a mi madre más por allí, me citó un día para hablar con el director del colegio, seguramente previendo que yo arremetería contra ella por su actitud. En la reunión lo que quería era exponer sus razones para que mi hijo repitiera curso. Por supuesto, el director que conoce a mi hijo, dijo que eso sería lo último. Que a ese niño repetir le haría mucho más daño que no hacerlo. La señorita aportó todas las malas notas, pero sólo las malas notas…no dijo nada de los continuos dieces en conocimiento del medio cuando pregunta oralmente, o las buenas notas de matemáticas, ni de los escritos diarios que le trae de casa. No le di más importancia al ver la actitud del director y al hablar con el profesor de matemáticas y asegurarme que si el niño suspende algún examen, es por no hacerlo como su profesor dice… no por hacerlo mal. Le obligan a hacer operaciones ridículas por escrito, cuando él las hace mentalmente y varios requisitos de ese tipo, le hacen bajar mucho la nota. Pero, por supuesto, no pone en duda el nivel de conocimientos del niño.

También me ha contado mi hijo, que en ocasiones se ponen “a charlar” en clase y la señorita les cuenta que su padre fue un héroe de guerra, que tiene un edificio en propiedad, que cada hermano suyo dispone de una planta completa para ellos, que veranean en Inglaterra y que hacen cruceros por el Mediterráneo. Todo esto en una clase donde hay niños sin padres, con padres en paro, sin recursos y con un nivel adquisitivo medio muy pobre, o incluso con los padres encarcelados.

Son cosas que me asustan, me asombran y me preocupan y no quiero dejar de comentárselas. El efecto de todo esto, es que a esta señora se le teme en el centro, que nadie le discute, que está histérica por cualquier problema de salud o privado y que la paga constantemente con los niños.
Es una pena, porque es la profesora que más se dedica a ellos. Pero me preocupa que olvide que son niños y que no pueden pagar sus frustraciones constantemente.

Otra cosa que quería poner en su conocimiento es que en las lecturas, la señorita obliga a todos a ir al ritmo de AAA, un niño que padece dislexia y que por lo tanto lee muy, muy despacio. Por supuesto que apruebo a que se ayude al que no llega, pero no pueden obligar a los demás a descender de nivel. Imagínese a mi hijo, con un nivel de lectura de un adulto, obligándole a leer como un niño de 1º de primaria. Sería lógico que a los cinco minutos estuviera mirando por la ventana o pensando en sus cosas.
Esta señora, lejos de motivar a mi hijo, lo desmotiva constantemente, aplasta su moral y sus esfuerzos por mejorar, no le deja avanzar en lo que le gusta y le prohíbe terminantemente adelantar o ampliar conocimientos.

Por todo esto que le contaba al principio, está castigado toda la semana sin recreo y tiene que ir el martes de 4 a 6 al colegio para estudiar. Esta tarde no puedo ir al colegio porque tengo que cuidar de mi madre, pero mañana iré e intentaré que me de la profesora su versión.

Continuará…